Con los años.

Con los años.

Con los años, pequeña,  comienza a ser eterno el invierno.
Comienza a entrar la fría lluvia de la soledad y se  enciende la hoguera de nuestros cuerpos pero sin leños que quemar.

El calor corrompe nuestros agitados corazones y desnuda nuestras más íntimas intenciones.
Bueno, la verdad es que nos envejecemos juntamente con el añejado fruto de la vid.

Si bien es cierto, tomamos cuerpo y sabia en nuestros años, también  comenzamos con más sigilo y descuido a desvanecernos.

No digas que el tiempo pasado fue mejor, hoy, es tiempo de degustarnos  y que el oxígeno pasional del verano, rompa en las burbujas adormecidas del buen vino de primavera que hasta hoy aguardó por este amor.

Porque no olvides que, las experiencias  y años van de la mano, mientras que el cuerpo y el Alma son enemigos naturales.

A medida que el cuerpo se desgasta y muere, 
el Alma permanece joven, fresca y eterna.
Como ves, no hay nada que entender, solo vivir, dejarse llevar por las bellas brisas de la vida
Y dar gracias por todo,  por la abundancia y escasez, por el amor y desamor.

Gracias por existir y porque pronto abordaremos ese tren, si, ese que se encargará de sacarnos  de aquí.

Shlomó! MR