la calle

La calle

Un sonido ensordecido a la distancia de un vehículo que viaja.

 Los vagabundos perros tirados bajo la sombra de aquellos últimos árboles.

La calle, somnolienta y solitaria; A veces baja un pajarillo, otras,  un gato trata de casarle.

 las hojas cuelgan de las ramas,  lacias ellas, sin ánimos de nada;  Ni por más que el viento traté de acariciarlas ellas vibran ni se animan.

Sólo por el abrazo despiadado del sol que las reseca,  son capaces de arder en ese pasional y suicida  abrazo de luz y fuego.

De pronto,  el vagabundo perro levanta su cabeza.

Mira hacia donde la tarde arde, un chillido cada vez más cerca,  se hace menos mudo;  Es el cartero que viene avanzando en  su vieja bicicleta de verano.

Viene lanzando por el aire rápidamente  antes que los perros ladren,  las cartas que trae en su montura para los vecinos de nuestra calle.

 Después de la ajetreo entre los despiertos perros que ladran y el cartero, todo nuevamente regresa el silencio y la dulce calma de la tarde.

Shlomó! MR.