póstumo

La fragilidad de la vida nos muestra quienes somos realmente

Somos como la niebla de madrugada que oscurece el naciente brillo de la mañana, pero de pronto, rompe el alba y la luz florece como el salto de aguas cristalinas y sanas.
Antes de ver la luz, la oscuridad nublará nuestras miradas. El silencio reinará por fin en nuestros adormecidos oídos y solo entonces, se abrirán nuestros ojos ante la eternidad de las almas.

Qué difícil es aceptar en estos instantes todo esto que nos está sucediendo, más difícil será cuando al volver a casa, solo nos acompañe el silencio y los recuerdos, porque, aunque estemos rodeados de muchas personas, en nuestros corazones abismará el silencio.

Tal vez aquí, es donde de lo más profundo de nuestro espíritu, nacerá un grito de rebeldía y diremos: “Señor, ¿por qué él?, ¿por qué ahora?, ¿por qué nosotros?”.
Y sí, es válido gritar como lo es también llorar, pero el fin de todo esto, será darnos cuenta de la fragilidad de la vida. De cómo sin darnos cuenta, a penas abrimos los ojos al venir a este mundo, ya estamos preparando la despedida.

Todos los que hoy nos encontramos aquí acompañando a la familia, en algún momento, ocuparemos el centro de la habitación y otros acompañarán a los nuestros.

Este precisamente es el juego de la vida, pero mientras los dolientes sufren la separación de quien tanto amamos, ¿dónde va quien ha desertado de este mundo?

La Biblia dice que la muerte está en medio de la vida, por lo tanto, nacemos morimos y volvemos a nacer, pero esta vez con un cuerpo incorruptible, pues estamos destinados a ocupar las habitaciones que el mismo Jesús dijo que iría a preparar, para que donde él esté, un día todos nosotros, aquellos que hemos confiado y esperado en él, también podamos llegar allá.

Néstor no ha muerto, él duerme para ser despertado en un poco de tiempo más y entrar a los palacios del Rey, donde podrá por fin ocupar una de estas habitaciones por haber creído en él.

Ahora bien, también hay lugar para ti, también existe espacio para todos aquellos que quieran creer en Dios y su infinito amor, porque la muerte es solo la puerta hacia la vida donde por fin entraremos a los palacios de nuestro creador.
Por esta razón hoy nos uniremos, en lo que, para la mortal existencia, es el último adiós y diremos fuerte y claro: “no te decimos adiós hermano amado, sino hasta pronto porque un día nos reuniremos frente a frente todos ante Dios”.