A veces llueve sin ser invierno.
Transitamos equilibrados por la cuerda floja de la vida.
Pendemos del hilo sustantivo de las circunstancias que nos rodean.
Nacemos para morir, es lo establecido. Pero que no daría yo, que muriéramos para nacer; Porque están breve la vida y eterna la muerte.
Y es que no le temo a ella, más que a la separación corpórea de aquellos que tanto amo.
Hoy visto de tristeza mis ojos, la congoja inunda mi alma bajo las aguas del desconcierto, pero aún así, guardo las esperanzas.
Dios quiera que los años sean suficientes para la experiencia con esta brutal lucha que recién comienza.
Fuerza amigo.
Shlomo Bem Adonaí