Perdidos
¿Y qué es la muerte? ¿Acaso no es el término de todo, el fin de una odisea llamada vida o simplemente la puerta que divide entre lo que alcanzamos a ver y aquello que se oculta tras nuestras tímidas miradas?
Un antiguo proverbio dice que, la muerte está en medio de la vida, ¿entonces al cruzar por esta puerta la vida no termina?
¿O solo cambiamos de forma, nos transformamos en seres incorpóreos qué, dejamos en esta tierra el equipaje de nuestras propias mentiras?
Si alguien ha creído ser algo, si alguien ha creído tener algo, si alguno ha pensado ser más que el otro, al cruzar por esta puerta nos desnudamos y al otro lado somos todos iguales.
Somos como perros desorientados por el calor de la tarde, nubes resecadas, quebrajadas por el umbral del Sol que las carcome.
Ecos de motores que viajan sin detenerse hacia la incertidumbre costa de la muerte y es que todos finalmente llegaremos allí, juntamente con aquellos que, perdidos por el desierto, vagan sin un rumbo fijo y expuestos a infernales temperaturas.
Somos como árboles deshojados, moribundos zorzales sin ánimo ni esperanza, ríos vacíos, cuyos cauces desnudos evidencian el pasado pasó de los hombres.
¿Esto es el futuro? ¿Esto es el avance qué tanto promocionaron nuestros ancestros?
¿Dónde están los ríos, donde los zorzales y sus mágicos trínales?, ¿dónde han dejado las nubes, donde sus aguas que las visten de esperanza?, ¿dónde ha quedado el hombre, donde sus sueños de grandezas, soberbias y blasfemias?
Somos nosotros los escritores, los poetas, culpables de no denunciar en nuestras letras; como las masas van siendo congregadas y dirigidas como ovejas al matadero de la ignorancia.
Corriendo como ovejas descarriadas tras falsos pastores que, venden nuestra carne y cambian nuestras almas por treinta pesos de plata.
Nosotros que construimos mundos y universos paralelos, no logramos ver desde las alturas las siniestras manos de aquellos que llevan al pueblo hacia la locura.
¿Estamos libres de pecado?, ¿están nuestras manos libres de la sangre derramada por nuestros estados?
No somos más grandes que aquellos tristes incautos, qué creen en las promesas falsas de gobiernos, partidos y asolapados.
No somos distintos a quienes venden sus almas por un aplauso, por un diploma o por dinero.
Viajamos acelerados por esta vida, como los motores de aquellos viejos carros que corren sin destino hacia la incertidumbre hora de la muerte.
Ya que lo único que ha primado en nuestras conciencias, es ser lo que no somos, y esconder lo que realmente es.
Nos hemos convertido en alas de hadas paraliticas con sueños de libertad y mentiras vestidas de verdad.
By Shlomó Bem Adonaí
